El ‘sueño americano’ o la mentira que acabará con tu felicidad

Evargot/ octubre 29, 2019/ Autoestima/ 0 comentarios

Hace poco asistí a las jornadas universitarias internacionales de sexología de la UNED.

Allí varios ponentes hablaron de temas muy interesantes. Creo que al mundo le vendría genial que este tipo de eventos se televisaran en prime time, sinceramente.

Una de las conferencias giraba alrededor de la educación sexual como asignatura pendiente en España y más concretamente, sobre por qué al patriarcado le interesa que siga pendiente.

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Pero no voy a hablar de patriarcado hoy aquí. Aunque quizá pronto lo haga…

El caso es que María Lameiras, la ponente de la conferencia en cuestión y catedrática  de la Universidad de Vigo, habló de esto mientras a mi me hacían las orejas chiribitas y sonreía embelesada a esa mujer  que le ponía voz, evidencia científica y rabia feminista a todos los temas que os podáis imaginar, porque ella habló de lo que quiso. El título de la conferencia se quedó corto.

En un momento dado, María utilizó una expresión que sólo se la había oído a Pamela Palenciano: matrimonio de conveniencia entre el patriarcado y el neoliberalismo. 

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Es complejo de comprender si es la primera vez que lo escuchas, en algún momento sería interesante explicarlo.

El caso es que le dedicó algunos minutos también al neoliberalismo salvaje en el que vivimos, y por qué es tan interesante para el mantenimiento del statu quo del sistema.

Y aquí viene mi reflexión:

Nos convencen de que tendremos lo que merezcamos según el esfuerzo que hagamos, nos venden que todxs podemos llegar a donde queramos independientemente de género, color de piel, etc; vamos que el sueño americano está al alcance de cualquiera y que si no lo alcanzas es que eres gilipollas.

¿Por qué?

Porque mientras nos creemos eso, peleamos entre nosotrxs. No miramos hacia arriba. No les señalamos como responsables de la situación que vivimos: desempleo, fuga de talentos, viviendas imposibles, burbujas inmobiliarias, sueldos irrisorios, derechos sociales en decadencia.

Competimos con el de al lado, en lugar de organizarnos y pedir explicaciones: ¿qué pasa con el dinero robado? ¿qué pasa con los precios de las universidades? ¿qué piensan hacer con el I+D? ¿cuándo van a tomar medidas serias contra el cambio climático? ¿ qué pasa con las pensiones? ¿cómo quieren que gastemos en ocio y cultura si no podemos pagar apenas el alquiler? ¿por qué se cuestiona el derecho al aborto otra vez, entre otros?

Pero nosotros echamos la culpa a los actores, que cobran mucho, aunque lleven 20 años recibiendo noes en castings. Echamos la culpa al vecino, que vive por encima de sus posibilidades, aunque eche 14 horas como autónomo. Nos echamos la culpa a nosotras mismas, por no haber estudiado lo suficiente (tienes dos carreras y un máster, pero qué pasa con el doctorado?), nos replanteamos si seremos lo suficientemente buenas en algo para merecer la vida digna y tranquila que tanto ansiamos.

¿Consecuencias? Si piensas un poco, enseguida lo adivinas.

Exacto.

TRASTORNOS MENTALES. 

Nunca ha habido tal cantidad de personas con ansiedad o depresión. Cierto es que no siempre han existido estos diagnósticos. Pero la situación es extrema. Lo más recetado en las consultas de atención primaria son ansiolíticos, antidepresivos y relajantes musculares (otra industria multimillonaria encantada con el sistema). La gente no tiene tiempo de averiguar qué le ocurre ni plantearse con pensamiento crítico de dónde viene su insomnio, su tristeza, sus miedos. La gente quiere la pastilla para dormir, la pastilla para poder hacer vida normal, sin darle muchas vueltas a nada.

No les culpo.

No tienen tiempo ni ganas porque así se lo dice la sociedad. ‘Es lo normal, yo también tomo lorazepán para dormir’.  El sistema no quiere que solucionemos nuestros conflictos internos porque ellos son los responsables. Ellos han creado este mundo de prisas, de competición, sin dignidad, sin respeto, sin pensamiento crítico, y no quieren que nos demos cuenta. Por eso tenemos así de accesibles las pastillas… y lo que no son pastillas.

No lo creáis. La felicidad no depende de cada unx de nosotrxs. Depende de que se tomen las medidas oportunas para que todxs tengan las mismas oportunidades, para empezar. Depende de que las necesidades básicas estén cubiertas, para seguir. Y depende de que quien represente el poder ejecutivo no sea uno más de la mafia neoliberal y patriarcal que domina el mundo, para terminar.

 

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