Mi madre y las demás

Evargot/ mayo 3, 2020/ Sin categoría/ 0 comentarios

De pequeña ya sabía que era afortunada por la familia que tenía. Cuando pude compararme con otras niñas y niños de mi edad me di cuenta: mi madre cocinaba para nosotras, estaba en casa, con nosotras, nos apuntaba a actividades que nos gustaban, se preocupaba de nuestra salud y nuestro ‘cole’. Éramos el centro de su vida y no lo sabíamos. También trabajó fuera de casa y algunos sábados, se iba por la noche un ratito con una amiga. 

Mi madre cuida de mi desde que existo, y poco a poco, entre las dos hemos ido ajustando las necesidades de nuestra relación, que no siempre han sido las mismas. 

Cuando tuve la conciencia suficiente caí en la cuenta: ella también fue hija una vez. Y no tuvo tanta suerte, la verdad. No quiero decir que mi abuela fuera una mala madre, pero la época y los trapos sucios familiares jugaron  en su contra, sin embargo mi madre se rebeló, tuvo claro que eso no era para ella y salió adelante. Voy a ser más clara: fue víctima de abusos sexuales durante 6 años, hasta que decidió irse de casa con 16.

Con sus más y sus menos, que secuelas le quedan, nos dio una educación basada en el respeto, tanto el que damos, como el que exigimos. Ese fue el mensaje que sacó de todo aquello: que nadie debe aguantarlo, que no debe protegerse al agresor, que la víctima siempre debe tener a quien acudir, sea la familia que sea, el familiar que sea, la época que sea. Y así con todo. Mi madre está siempre para nosotras: mamá, quiero bailar. Mamá quiero ir al conservatorio. Mamá, me voy a Francia. Mamá necesito un psicólogo.  Mamá, mi vida no será como la tuya. Y ella nos apoya. 

Después mi madre ha sido abuela. Y entonces volví a caer en la cuenta. No sabía NADA acerca de los sacrificios y los esfuerzos que hizo (y hace) mi madre por nosotras. Hasta entonces solo había visto la punta del iceberg. A partir de hacerla abuela, empecé a entrever lo demás: la preocupación que comienza en el embarazo y no termina, el tiempo dedicado a nosotras, el dinero, la paciencia, el miedo a perdernos, a que la rechacemos,  el amor incondicional, el cansancio…

Y es inútil que os lo explique, porque hasta que no se vive, no se siente. 

Mamás del mundo: me entenderéis. Feliz día.  Abuelas: gracias por todo.

Os abrazo fuerte a todas.

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