De amor honesto y ligueros

He leído un artículo en el País sobre unas cartas de amor y pasión que intercambiaron unos primos hace 500 años. Ella, marquesa; él, cardenal en Roma. O sea, desobedeciendo todas las normas de la nobleza de la época, ella fue adúltera y él se pasó el voto de castidad por las polainas. Y para más salseo, eran primos carnales.

Además él mantenía correspondencia con otras tantas mujeres y la historiadora que ha descubierto este embrollo comenta que el adulterio de las mujeres se “toleraba” siempre y cuando fuera discreto, claro. Del adulterio de los hombres no habla el artículo pero hablo yo: no sólo se toleraba, sino que se aplaudía.

A día de hoy tengo constancia de muchas infidelidades y he sido testigo de otras tantas. No puedo asegurar no haber sido víctima de ellas. Y tampoco voy a jurar que no las he cometido jamás, de alguna forma, queriendo o sin querer.          

Qué os voy a contar de esto que no sepáis. Los cuernos están a la orden del día desde siempre. Y a pesar de ello, seguimos sorprendiéndonos ante cada nuevo caso. 

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Sin embargo las infidelidades siguen siendo motivo de dolor y humillación para muchísimas personas y tiene todo el sentido del mundo… en las relaciones monógamas.

Si te comprometes a respetar y ser fiel a tu compañerx, sabes que renuncias a acostarte y relacionarte sexualmente con otras personas, y que cuando incumples este trato, haces muchísimo daño y echas abajo una autoestima que no sabes cuánto tiempo y esfuerzo ha costado conseguir.

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Eva propone una solución

Si no quieres renunciar al placer de juguetear, ligar, embaucar o dejarse embaucar, PERFECTO. En serio: no problem, no worries.

Pero dilo. Déjalo claro: Yo quiero tontear / quiero sexear / quiero acostarme con 20  personas diferentes cada trimestre; y así cualquiera sabrá a qué atenerse contigo desde el principio.

Ni que decir tiene que deberás respetar que tu pareja haga lo mismo que tú, que también le guste sentirse atraído y atraer. 

Así que esto es lo que propongo: abramos nuestras relaciones, ganemos el derecho a disfrutar de ciertas cosas que NO son incompatibles con querer y respetar a alguien.  No todas las relaciones lo necesitan, no sólo se pueden abrir al sexo, o sí, depende –habrá quien quiera y pueda enamorarse de varias personas–.

Sé que suena a chino. Sé que si lo proponemos, puede que nuestra pareja dude de nosotros. Pero también sé que, en muchos casos, es lo más honesto. Y no hay amor sin honestidad, tenedlo claro.

Además, cabe la posibilidad de que ese derecho no se use jamás, pero ¿por qué no tenerlo? Es como el conjunto de ropa interior ultra impuro que tengo al fondo del cajón cogiendo polvo. En 5 años no lo he usado nunca, pero ahí está, no hace daño, no molesta, es precioso y el día menos pensado, me lo querré poner…

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