¿La salida, por favor?

 Buenos días por la mañana de lunes.

A pesar de mi felicidad en esta etapa de vida, no dejo de empatizar con quienes no están pasando por su mejor momento y quería decirles un par de cosas. De buenas, ¿eh? No soy tan hater…

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De hecho, soy un encanto.

Hola, persona del mundo.

  • Lo primero que te digo es que si te sientes mal, está bien. No te culpes, no te agobies, déjalo estar. Vivimos en una sociedad donde se aspira siempre a estar feliz, de buenas, en positivo; sin embargo la realidad es bien distinta, así que hazte cargo de tus emociones y pensamientos sin culparte.
  • Lo segundo es que, con toda seguridad, ‘esto también pasará’. Lo has debido oir más veces, pero igual no te acuerdas. Todo en esta vida es temporal, y el sufrimiento no iba a ser menos. Hay situaciones que parece que no avanzan, como si el tiempo se hubiera parado en blanco y negro para siempre. Pero no es así, te lo prome! Un día será distinto, tu cabeza tendrá esa maravillosa sensación consciente de: has llorado todo lo que tenías que llorar, has sufrido todo lo que tenías que sufrir, esta es tu nueva realidad, haz lo que quieras con ella. Y sólo cuando llegues ahí te darás cuenta de que el sufrimiento es el motor de todo lo que hagas a partir de ahora.
  • Lo tercero que te cuento es que la tristeza es adaptativa: esto significa que necesitabas llegar a este estado para comprobar que no era ese tu camino, o tu mejor decisión, o simplemente, no está siendo un buen mes, un buen día. Intentarás cambiar algo para no sentirla de nuevo, por lo menos por el mismo motivo. Y en ese cambio está el paso hacia adelante que necesitas.
  • Lo último que te diré es un consejo: céntrate en tus fortalezas. A lo mejor ahora no las sientes a tope, pero ahí están, son parte de ti. Si tu fortaleza es la eficacia en el trabajo, gasta tu energía en eso: será lo que te haga sentirte orgullos@ al final del día. Si tu fortaleza es facilitar la vida de tu familia, que así siga siendo. Esto te permitirá sentir que, a pesar de no tener ganas ni fuerzas, sigues siendo tú, siguen siendo productivos tus días, y además, el resto del tiempo que no dediques a tus fortalezas, es muy lícito que lo dediques a experimentar tu tristeza, a reflexionar.
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Por eso, acoge tus llantos y tus enfados como parte de ti, no sientas que pierdes el tiempo: son necesarios para cambiar el rumbo (del día, del año, de la vida).

En los momentos de lucidez, piensa en la temporalidad: ‘¿cuánto tiempo me queda de sentirme así? lo que es seguro es que cada día que pasa, menos’; y relativiza: ‘A pesar de X, tengo salud/un buen entorno familiar y social/estabilidad económica…’

Además de todo esto, siempre puedes ir al psicólogo. Ni siquiera hace falta que estés triste para ir, pero si lo estás, te ayudará mucho.

Si por ti mism@ no notas mejora a lo largo del tiempo, corres el riesgo de que la tristeza se convierta en tu estado normal, y entonces el psicólogo no será una buena opción, sino una opción necesaria.

Venga va, que la tristeza es adaptativa pero nada divertida.

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*Siento (bueno, no mucho, para ser sincera) no ser más cariñosa, ni desear flores, corazones y unicornios, pero creo que la realidad es esta: madrugar, trabajar/estudiar, volver a casa y… seguir trabajando. Todo ello con un montón de pensamientos y sentimientos a cuestas que tiran hacia abajo. Me parecía mejor lo que puse arriba que un montón de ‘sé fuerte’ y ‘tú puedes’ vacíos.

¡Suerte!

Imagen destacada: Pixabay

Autoestima

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